Antes de comenzar cualquier viaje siempre
intentamos meter en nuestra maleta todas aquellas cosas que creemos que vamos a
necesitar a lo largo del viaje, pero no todo lo que necesitamos se ciñe a una
bolsa de aseo, un par de zapatillas cómodas o un anorak por si hace frío, ya
que además de esto para poder aprender y disfrutar de ese viaje hay una serie
de características que debemos adquirir y que enriquecerán aún más ese viaje
que vamos a emprender.
Cuando pensamos en “ese algo más
imprescindible” nos desmoronamos al pensar que nunca podremos llegar a
conseguir y por lo tanto nunca llegar a esa ansiada felicidad completa que
todos añoramos aún sin haberla conocido plenamente. Es imprescindible saber que
en este mundo tan confuso donde es tan difícil creer lo que nos cuentan en sus
versiones (ya que parece que en tan poco tiempo vivido nos han engañado tantas
veces), y donde parece que solo quieren convencernos. En este mundo del que
hablamos, que “a priori” parece tan hostil, donde se evidencia que solo se
comentan mil rumores, especialmente malos (ya que parece ser que el oído humano
solo esta programado para escuchar estos, o por lo menos el mío) que disfrazan
la verdad, nuestra verdad, se van añadiendo las murmuraciones y acusaciones que
manipulan nuestra realidad y que nos ponen a prueba día a día hacen que
inevitablemente nos sintamos solos y precisemos una orientación personal, dando
lugar a la profesión tan bonita que alguna vez pienso ejercer.
¿Cómo saber si hemos llegado a adquirir
esas características? Cuando seamos capaces de ser conscientes de que desde las
fronteras de nuestra existencia, es decir desde nuestro este al oeste y desde
nuestro norte al sur, para ser más precisos, y ser capaces de convencernos de
que nuestra verdad solo la manejamos nosotros, aunque pretendan convencernos de
que no, habremos conseguido llegar a adquirir estas características, aunque
este camino se presenta cuesta arriba y sin un lugar para el sosiego.
Para llevar un buen ritmo en ese viaje es
importante hacer ver, pero también haber
sido capaces nosotros de mirar hacia fuera, escuchar todo lo que hay a nuestro
alrededor (como el viento, el agua, una simple tormenta) ya que en nuestros
tiempos de confusión, que por desgracia cohabitan más de lo que nosotros quisiésemos
y que son los que nos enorgullece haber superado, hay demasiadas informaciones e invenciones que
pondrán a prueba nuestra razón, pero ante ello nunca debemos ser sumisos a ello
y seguir nuestro camino donde tiene siempre que vivir en igualdad de condiciones
nuestra razón y nuestro corazón, aunque sea misión imposible garantizar esta
balanza.
Es
vital recordar que en nuestra vida no todo es blanco ni todo es negro, nadie
nos puede obligar a elegir, hay que recordar que hay más colores en el lienzo, no debemos
dejar que nadie los pinte por nosotros, nosotros mandamos, nosotros ordenamos.
Antes de emprender un viaje es importante
recordar que ahora el mundo esta envejeciendo, y que aunque en apariencia lo
que nos rodea nos esta diciendo lo contrario a lo que nosotros pensamos y que
se ve reforzado por esos momentos de total silencio que parecen nunca
despegarse de nosotros tenemos que tener en cuenta que la llave para poder
terminar ese viaje solo la tenemos nosotros, siempre nosotros, aunque a veces para
encontrarla e incluso para abrir esa puerta necesitamos palabras de aliento o
incluso una mano que sostenga esa llave.
Para finalizar es inevitable recordar que
aunque a veces hay caminos directos, existen secundarias sin atasco y autopista
de peaje que nos hacen llegar antes y a veces aunque parezca una locura, TODO
VALE (metafóricamente hablando), pero siempre recordando que sin cimientos
fuertes nuestra estructura es frágil y termina cayendo. Es importante forjarnos
con el mejor cemento y ser nuestro mejor arquitecto, ya que esto serán los que
mantengan nuestra seguridad mientras vivamos.
A quienes me
preguntan la razón de mis viajes,
les contesto
que sé bien de qué huyo,
pero que
ignoro lo que busco.
Michael de
Montaigne (1533 – 1539).


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