"El mago sin magia" obra escrita por Mara Selvinni Palazzoli nos narra de manera implícita la historia de un grupo surgido de la alianza, un tanto heterogénea, de psicólogos que actúa en instituciones educativas, como líderes terapéuticos de la familia, profesionalmente ajenos a los problemas de la escuela. En definitiva, esta obra nos permite evocar de manera veraz la situación paradójica que los psicólogos, y en nuestro caso psicopedagogos, viven día a día cuando intentan llevar a cabo el cometido para el que han sido asignados.
Siendo realistas, la situación que se expone en el libro, es una realidad que actualmente sigue imperando en las instituciones escolares. El psicopedagogo, ajeno a cualquier estructura jerárquica establecida en el establecimiento educativo ve como su capacidad de decisión, no es acorde a las competencias para las que ha sido contratado. Muchas variables podrían explicar la persitencia de este ideario (longevidad del cuerpo docente, la escasez de innovación, el apego a formulas magistrales arcaicas) pero esto no viene al caso, ya que como buenos orientadores tenemos que saber que lo que verdaderamente nos importa es el aquí y el ahora. La figura asociada al diagnosticador de la patología es la del psicólogo clínico y no la del psicopedagogo.
Muchos ilusos piensan que esa posición no expresada en el organigrama del centro es una oportunidad de revelarse ante los problemas que día a día surgen en las escuelas y que suelen ser el motivo de tertulia de tantos docentes. En este sentido esta postura, no juega nada a favor de los psicopedagogos, sino todo lo contrario, ya que ve en esta competencia añadida de "promotor del cambio" un problema más al que hacer frente en un contexto que ya primeras se ha presentado complicado. Sería ilógico como psicopedagogo, pensar que estas situaciones son un problema más a añadir a la lista, ya que puede ser una oportunidad para demostrar nuestra capacidad para hacer frente a los problemas.
Me llamaréis loco, pero creo que a cualquier psicopedagogo que se le preste atención, si verdaderamente ama su profesión, ve en esta situación un motivo más para mejorar como profesional, y sin lugar a dudas como persona. Aunque si es verdad que no deberemos caer por nuestros propios pies en la trampa de considerarnos "magos omnipotentes" ya que no lo somos.
Una frase que me ha entristecido y ha cambiado mi forma de entender no solo el libro, sino mi actitud y propósito sobre mi actuación como futuro profesional ha sido la frase que el grupo de psicólogos manifestó en una de sus reuniones y es la que dice así: "que nadie, refiriéndose a alumnos, se presenta de manera voluntaria", iluso de mí, pensaba que el despacho de orientación era concebido como un lugar donde todos los integrantes de la escuela encontraban unos oídos y un regazo donde acudir, pero paralelamente me resurgió el concepto que yo tenía del orientador y que no dista mucho del que hoy se tiene, yo pensaba y para que le voy a contar a este hombre mi vida! Continuando la lectura, otra frase me ha hecho ver que otros psicólogos, en nuestro caso psicopedagogos, han intentado cambiar esta situación intentando emplear diferentes enfoques teóricos (como el psicoanálisis) cayendo tardíamente en la cuenta de la importancia de saber que todo no vale para todo, lo que me hace encontrarle más sentido a una frase muy marcada del libro y que dice así: "tanto los buenos propósitos, como los buenos consejos solo hacen perder el tiempo, ya que comunicar significa influir, aunque sea de manera inconsciente.
Me gustaría terminar esta recensión reflexionando sobre la alternativa que el grupo saca para solucionar esta situación paradójica y que se basa en el empleo de un paradigma sistémico basado en la teoría general de sistemas y pragmáticos de la comunicación donde el psicopedagogo debe emplear todos sus esfuerzos en integrarse en el sistema - escuela, compartiendo sus objetivos para poder hacer inferencias una vez este integrado no solo en el sistema - escuela, sino en los diferentes subsistemas que componen la institución escolar, comprendiendo que este proceso requerirá ir plantando semillas de las que en un principio tardaremos en ver los resultados, no significando esto la sumisión a la voluntad de los otros integrantes del sistema - escuela.
Para evitar esta situación, que hoy en día es la "enfermedad de esta profesión en el ámbito educativo" es importante dejar claro cual es nuestro cometido en la institución en la que vamos a trabajar, como van a ser las relaciones que vamos a establecer, evitando así confusiones erróneas que nos hagan no poder disfrutar de esta gratificante profesión, y a los demás de no poder aprovecharse de estas ganas por mejorar.
Siguiendo el hilo me gustaría exponer una de las ideas que recalca el libro, la cual no considero tan descabellada, y no es ni más ni menos que la de concebir al psicopedagogo como "un promotor del cambio", si bien es verdad que hemos sido los últimos en llegar a los centros escolares, no somos por ello menos merecedores de ser los protagonistas que catapulten al éxito a la institución escolar y a todos sus componentes.
Posiblemente en este camino tan arriesgado encontremos muchas reticencias, desánimos y palabras que minarán todas nuestras ganas de luchar por el ansiado cambio, pero también es verdad, que no todo lo malo tiene porque sentarnos mal, cambiar nuestro punto de vista puede hacer ver esas palabras negativas como una invitación a parar, revisar y proseguir el camino, sin olvidarnos nunca de aquellos conserjes, docentes, padres y sobretodo alumnos que todas las escuelas parecen esconder, pero que cuando verdaderamente entramos en el sistema - escuela, podemos vislumbrar y que son nuestra mayor y mejor compañía para poder hacer frente a esta aventura que quién sabe si en algún futuro cercano o remoto, sea yo, Oscar, capaz de iniciar.

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